Saltar al contenido
¿Hay riesgo ahora? Llamá al 911 · Orientación gratuita 24 h: Línea 141 Escribinos por WhatsApp
Desintoxicá tu VidaOrientación en adicciones

Salud mental

Ansiedad, depresión y consumo: cuando van juntos

4 min de lectura

Ansiedad, depresión y consumo: cuando van juntos

Es muy común que el consumo de alcohol, marihuana, cocaína o pastillas aparezca de la mano de la ansiedad o la depresión. A veces el malestar emocional estaba antes y la sustancia llegó como una forma de calmarlo; otras veces fue el consumo el que fue generando ese malestar. En la práctica, muchas personas ya no saben qué vino primero. Lo importante es entender cómo se alimentan entre sí y por qué conviene abordar las dos cosas al mismo tiempo.

Un alivio que dura poco

Quien vive con ansiedad busca bajar la tensión; quien está deprimido busca sentir algo distinto o, al menos, dejar de sentir. Las sustancias prometen eso y, en un primer momento, lo dan. El problema es lo que viene después. Cuando el efecto pasa, la ansiedad vuelve con más fuerza, el ánimo cae y aparece la necesidad de consumir otra vez. Con el tiempo, la persona deja de usar otras formas de calmarse, como hablar con alguien, moverse o descansar, y la sustancia se vuelve la única herramienta.

Además, cada sustancia tiene sus propios efectos sobre el ánimo. El alcohol es un depresor: aunque al principio desinhiba, puede profundizar la tristeza y alterar el sueño. La cocaína suele dejar un bajón marcado cuando pasa el efecto, con irritabilidad y angustia. La marihuana, en algunas personas, aumenta la ansiedad o genera sensaciones de persecución. Y la abstinencia de casi cualquier sustancia puede parecerse mucho a un cuadro de ansiedad.

Señales de que hay algo más que el consumo

  • Tristeza o vacío que se mantienen la mayor parte del tiempo, incluso en períodos sin consumo.
  • Pérdida de interés por casi todo, cansancio constante y dificultad para levantarse.
  • Preocupación excesiva, sensación de que algo malo va a pasar o crisis de angustia con palpitaciones y sensación de ahogo.
  • Insomnio persistente o, al revés, dormir muchísimo.
  • Consumir específicamente para poder salir, dormir, trabajar o enfrentar situaciones sociales.
  • Pensamientos de que no vale la pena seguir.

Si aparecen ideas de hacerse daño o de quitarse la vida, no lo dejes para después: llamá al 911 o pedile a alguien que lo haga, y no te quedes solo. Lo mismo ante dolor de pecho o dificultad para respirar, aunque creas que es ansiedad: eso lo tiene que evaluar un médico en el momento.

Por qué conviene tratarlos juntos

Cuando se trata solo el consumo y la ansiedad o la depresión quedan sin atender, el malestar sigue ahí y empuja a volver a consumir. Cuando se trata solo el cuadro emocional y el consumo continúa, la sustancia interfiere con cualquier avance. Por eso los equipos de salud mental suelen trabajar con un enfoque integrado: una misma evaluación que mira el consumo, el estado de ánimo, la historia personal y el contexto, y un plan que contempla todo eso a la vez.

Para que eso funcione, conviene contar todo en la consulta. Si vas por ansiedad o por insomnio, mencioná también lo que consumís, aunque te dé vergüenza o te parezca que no tiene relación: cambia la lectura del cuadro y las decisiones que se toman. Y si vas por el consumo, hablá de cómo te sentís cuando no consumís, porque esa información es tan importante como la otra. Nadie está ahí para juzgarte, sino para entender qué te pasa y cómo ayudarte.

Ese plan puede incluir psicoterapia, seguimiento psiquiátrico, espacios grupales y apoyo a la familia, en la modalidad que se considere adecuada: ambulatoria, hospital de día o internación. En la página sobre el tratamiento después de la desintoxicación explicamos cada una.

Cuidado con las pastillas para los nervios

Muchas personas con ansiedad o insomnio terminan usando pastillas para dormir o para los nervios, a veces indicadas por un médico y otras veces conseguidas por fuera de una receta. Las benzodiacepinas, como el clonazepam, pueden generar dependencia, y suspenderlas de golpe puede ser peligroso. Si las estás tomando, no las cortes por tu cuenta ni aumentes la cantidad sin hablarlo con un profesional. En la página sobre desintoxicación de psicofármacos te contamos cómo se encara ese proceso de forma segura.

Pequeños cuidados que suman

Ningún hábito reemplaza un tratamiento, pero algunos cuidados cotidianos acompañan el proceso: sostener horarios de sueño y de comidas, moverte un poco cada día, salir al aire libre, mantener el contacto con personas que te hacen bien y anotar qué situaciones te generan más ansiedad o tristeza para contarlo en la consulta. Pedir ayuda también es una forma de cuidarte. Podés llamar a la Línea 141 de SEDRONAR, gratuita, anónima y disponible las 24 horas, o escribirnos para que te orientemos sobre dónde y cómo empezar.

Primer paso

Pedir ayuda no es rendirse: es empezar el camino.

Escribinos con tus palabras. La consulta es confidencial y no te compromete a nada.