Alrededor de la desintoxicación circulan muchas ideas que se repiten de boca en boca, en las redes y hasta dentro de la familia. Algunas generan miedo y hacen que la persona postergue la consulta; otras dan una falsa tranquilidad y llevan a intentar cosas riesgosas. Repasamos las más frecuentes, agrupadas según el momento del proceso al que se refieren.
Mitos antes de pedir ayuda
“Si quisiera, lo dejaría solo”
La voluntad importa, pero la dependencia no es una falta de carácter. El consumo sostenido cambia la forma en que el cerebro responde al placer, al estrés y a las ganas. Por eso hay personas con mucha fuerza de voluntad en otras áreas de su vida que no logran parar sin ayuda. Pedir acompañamiento no es rendirse: es usar las herramientas que existen.
“Todavía no es para tanto, hay que tocar fondo”
No existe un fondo que haya que alcanzar. Cuanto antes se consulta, más opciones hay y menos daño se acumula en la salud, el trabajo y los vínculos. Si tenés dudas, en la nota sobre señales de que necesitás ayuda repasamos qué conviene mirar.
“Si pido ayuda, se va a enterar todo el mundo”
La consulta por un consumo problemático es confidencial, como cualquier otra consulta de salud. Lo que contás no tiene por qué llegar a tu trabajo, a tu escuela ni a tu barrio. Si te da miedo dar tus datos, la Línea 141 de SEDRONAR es anónima, y cuando nos escribís podés empezar contando solo lo que te resulte cómodo.
Mitos sobre cómo se hace
“Es igual para todas las sustancias”
Cada sustancia deja una huella distinta. Con el alcohol y los psicofármacos, la abstinencia puede ser riesgosa para el cuerpo. Con la cocaína o la pasta base suele predominar el bajón, el cansancio, la irritabilidad y unas ganas muy intensas de volver a consumir. Con la marihuana pueden aparecer insomnio, ansiedad, falta de apetito e irritabilidad, aunque muchos digan que “no genera nada”. Por eso no hay una receta única: la evaluación tiene en cuenta qué se consume, cómo y con qué combinaciones.
“Lo más rápido es cortar de golpe”
Con algunas sustancias, cortar de golpe es justamente lo más peligroso. La abstinencia de alcohol y de benzodiacepinas, como el clonazepam, puede dar convulsiones y otros cuadros graves. Por eso nunca se suspenden de un día para el otro sin supervisión médica. Con otras sustancias el riesgo físico puede ser menor, pero el malestar y las ganas de volver a consumir suelen ser intensos, y conviene estar acompañado.
“Un té, un jugo detox o un suero casero limpian el cuerpo”
Los productos que se venden como “detox” no tratan una adicción ni previenen una abstinencia. En el mejor de los casos no hacen nada; en el peor, hacen perder un tiempo valioso o se combinan mal con el cuadro. La desintoxicación real es un proceso médico: se controla el estado general, la hidratación y los síntomas, y se actúa si aparece una complicación.
“Desintoxicarse siempre significa internarse”
No siempre. Según el tipo de consumo, la salud general, la contención que haya en casa y los antecedentes, la evaluación profesional puede indicar una desintoxicación ambulatoria, con controles, o una con internación. Lo que no conviene es decidirlo a ciegas. En la página sobre desintoxicación explicamos las diferencias entre una y otra.
“Si me interno, me dejan encerrado contra mi voluntad”
En la Argentina rige la Ley de Salud Mental 26.657. En la internación voluntaria, la persona puede decidir terminarla. La involuntaria es una medida excepcional: solo procede ante un riesgo cierto e inminente para la persona o para otros, con evaluación de un equipo interdisciplinario y control judicial. No es algo que una familia o un lugar de tratamiento puedan decidir por su cuenta.
Mitos sobre lo que viene después
“Una vez desintoxicado, el problema está resuelto”
La desintoxicación ayuda al organismo a dejar atrás la sustancia, pero no cambia por sí sola los motivos, los hábitos ni el entorno que sostenían el consumo. Es la primera etapa. Después viene el tratamiento, que puede ser ambulatorio, en hospital de día, con internación o en una comunidad terapéutica, según cada caso.
“Si recaigo, todo fue en vano”
Una recaída duele, pero no borra lo aprendido. Es algo que puede pasar en cualquier proceso de recuperación, y también aporta información sobre qué situaciones ponen en riesgo a esa persona. Lo importante es pedir ayuda rápido y no esconderla. Lo desarrollamos en la nota sobre recaídas y cómo prevenirlas.
Lo que sí es cierto
- Pedir ayuda a tiempo simplifica el proceso.
- Cada persona necesita una evaluación propia: no hay un modelo único que sirva para todos.
- La familia puede acompañar, y también necesita orientación para hacerlo sin desgastarse.
- Ante convulsiones, pérdida de conciencia, confusión intensa, dificultad para respirar, dolor de pecho, alucinaciones o ideas de hacerse daño, se llama al 911.
- Podés consultar de forma gratuita y anónima a la Línea 141 de SEDRONAR, a cualquier hora, o escribirnos para que te orientemos y te ayudemos a encontrar un lugar adecuado.
